
Pentimento, de Pablo Rasgado, se despliega como un ejercicio de arqueología especulativa activado por la restauración de la cúpula y bóvedas de la nave central del Laboratorio Arte Alameda. Esta coyuntura permitió al artista dirigir la mirada hacia las entrañas del propio museo, atravesando estratos de tiempo y soportes para desenterrar una memoria latente: desde sus orígenes en el siglo XVI como el antiguo Convento de San Diego hasta su posterior transformación en la Pinacoteca Virreinal. Lo que inició como un proceso de conservación institucional se transforma aquí en una excavación abierta que subvierte la totalidad del espacio.